Cómo la Psicología puede ayudar a un alcohólico.

Para la mayoría de los adultos, el consumo moderado de alcohol, no más de dos bebidas por día para los hombres y una para las mujeres y personas mayores, es relativamente inofensivo (existen estudios que advierten de que no existe cantidad segura de consumo). El consumo moderado, sin embargo, reside en un extremo del rango que va desde el abuso de alcohol hasta la dependencia del alcohol:

  • El abuso de alcohol es un patrón de consumo de bebidas que deriva en consecuencias adversas importantes y recurrentes. Las personas que abusan del alcohol pueden no cumplir con sus obligaciones importantes en la escuela, el trabajo o la familia. Pueden tener problemas legales relacionados con el consumo de alcohol, como repetidos arrestos por conducir bajo los efectos del alcohol. Pueden tener problemas de relación asociados con la bebida.
  • Las personas con alcoholismo “técnicamente conocido como dependencia del alcohol” pierden el control confiable de su consumo de alcohol. No importa qué tipo de alcohol uno tome y ni siquiera la cantidad: las personas dependientes del alcohol a menudo no pueden dejar de tomar una vez que comienzan. La dependencia del alcohol se caracteriza por la tolerancia (la necesidad de tomar más para lograr la misma euforia) y el síndrome de abstinencia si la bebida se interrumpe bruscamente. Los síntomas de abstinencia pueden incluir náuseas, sudoración, inquietud, irritabilidad, temblores, alucinaciones y convulsiones.

Los problemas con el alcohol tienen múltiples causas, y los factores genéticos, fisiológicos, psicológicos y sociales desempeñan un papel importante. No todas las personas se ven igualmente afectadas por cada causa. Para algunas personas que abusan del alcohol, los rasgos psicológicos como impulsividad, baja autoestima y una necesidad de aprobación provocan que se beba alcohol de manera inapropiada. Algunas personas toman para sobrellevar o “curar” problemas emocionales. Los factores sociales y del entorno, como la presión de los compañeros y la fácil disponibilidad del alcohol, pueden jugar roles clave. La pobreza y el abuso físico o sexual aumentan las probabilidades de desarrollar dependencia al  alcohol.

Aunque existen datos sobre ciertas predisposiciones genéticas, el determinante fundamental en la conducta adictiva se concentra en variables psicosociales.

Los problemas con el alcohol también tienen un impacto muy negativo en la salud mental. El abuso de alcohol y el alcoholismo pueden empeorar condiciones existentes como la depresión o provocar nuevos problemas como la pérdida grave de memoria, la depresión o la ansiedad.

Los problemas con el alcohol no solo lastiman al bebedor. Es más probable que las esposas y los hijos de los bebedores empedernidos experimenten violencia familiar así como que los niños enfrenten abuso físico y sexual, abandono y desarrollen problemas psicológicos. Las mujeres que consumen alcohol durante el embarazo corren serios riesgos de causar daño al feto. Amigos y familiares pueden morir o resultar heridos en accidentes y asaltos relacionados con el alcohol.

Los psicólogos que están capacitados y experimentados para tratar los problemas con el alcohol pueden ayudar de muchas maneras. Antes de que el bebedor busque ayuda, un psicólogo puede guiar a la familia u otras personas a ayudar a que la motivación para cambiar aumente en el bebedor.

Un psicólogo puede comenzar con el bebedor evaluando los tipos y grados de problemas que experimenta. Los resultados de la evaluación pueden ofrecer una guía inicial al bebedor sobre qué tratamiento debe buscar y ayudar a motivarlo para que se someta al tratamiento. Las personas que tienen problemas con el consumo de alcohol mejoran indudablemente sus posibilidades de recuperación al buscar ayuda temprana.

Los psicólogos también pueden brindar terapias de pareja, familiares y de grupo, que a menudo resultan útiles para reparar relaciones interpersonales y el éxito a largo plazo para resolver los problemas ocasionados por el consumo de alcohol. Las relaciones familiares influyen en la conducta relacionada con el consumo de alcohol y estas relaciones suelen cambiar durante la recuperación de la persona.

Las familias y entorno cercano no suelen saber que hacer para afrontar el problema, a menudo culpabilizando al sujeto o bien fingiendo no conocer o justificando su conducta. Pero dichos comportamientos no ayudan al paciente sino que de hecho pueden complicar su estado.

En primer lugar el entorno del alcohólico debe reconocer el problema. Es habitual que en ocasiones se busquen justificaciones e incluso se ignore la conducta problemática del individuo.

Para realizar la aproximación al problema hay que buscar un momento de sobriedad. El sujeto necesita estar en plenas facultades para iniciar su primera reflexión.

No es buena idea culpabilizar al sujeto. Mejor encontrar una posición de ayuda y apoyo, una actitud empática, aunque directiva. Es fundamental evitar la condescendencia.

Cuidado con la comunicación. Es una situación muy delicada. Sería conveniente que podamos expresar nuestros sentimientos con respecto a la situación que nuestro ser querido está viviendo, siendo de utilidad que nos incluyamos en las frases.

El sujeto con alcoholismo es alguien con profundas dificultades para controlar la ingesta de alcohol, siendo dicha pérdida de control lo más definitorio de este trastorno. Si bien no se trata de ejercer un control continuado de cada gesto que haga, sí resulta recomendable mantener un cierto control sobre su situación. Una de las formas de hacerlo es mediante la gestión del dinero.

Evitar en lo posible las exposiciones a situaciones estresantes. Esto podría inducir al consumo. Igualmente es preferible no beber delante del sujeto hasta que la situación no se haya estabilizado.

El simple hecho de reconocer el alcoholismo ya es un paso muy duro para alguien con este trastorno. Apoya sus avances. Necesitarán una enorme motivación.

Realiza actividades incompatibles con la bebida.

Usa los grupos de apoyo.

El tratamiento puede resultar exitoso, pero la existencia de diferentes estresores o situaciones puede generar una recaída en el alcoholismo. Es por ello que, al igual que ya se hace en terapia, tengamos en cuenta la necesidad de trabajar en su prevención.

No esperes para pedir ayuda.

La terapia ayudará al sujeto a tomar conciencia del problema, a facilitar el apoyo social que necesita y a suministra estrategias para combatir los efectos indeseables del craving (ansia de consumo). Igualmente educará a la familia para afrontar el difícil camino para alcanzar óptimos resultados.

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