Hablemos de homosexualidad

Lamentablemente, y a pesar de haber dado un paso de gigante a nivel legislativo, la sociedad aún conserva enormes prejuicios sobre la homosexualidad. Esta realidad social, modelada a través de una educación familiar restrictiva, en no pocas ocasiones ha convirtiendo la infancia, la difícil adolescencia e incluso la adultez de las personas que se identifican con tendencias homosexuales en un tortuoso camino.

Normalizar lo que biológicamente es más normal incluso de lo que muchos pensarían, es una tarea de todos, empezando por los agentes sociales encargados de impartir las bases educacionales tanto científicas como filosóficas, para seguir con el entorno familiar y social más cercano.

Hoy vamos a hablar de los mitos que mantienen adheridas en el imaginario colectivo ciertos sesgos o ideas erróneas al respecto de la homosexualidad.

La homosexualidad, amigos míos, por mucho que se empeñen ciertos círculos políticos y religiosos, no es ninguna enfermedad. La realidad es que la homosexualidad, por sí misma, no implica ningún impedimento en el juicio, ni afecta a las capacidades sociales y vocacionales en general. La orientación sexual y emocional de cada persona se establece a una edad muy temprana, probablemente ya al nacer, y con certeza antes de los cinco años. La homosexualidad en sí no provoca anormalidades psicológicas. En cambio, el vivir bajo la presión de tener que fingir que no se es homosexual si puede costar mucho en términos de amor propio, y hasta puede causar serios daños psicológicos.

Existe el mito de que la homosexualidad va contra las leyes de la naturaleza. Respecto a esto es preciso señalar que, en el reino animal, la homosexualidad está bien presente. Se trata de algo mucho más habitual de lo que se podría suponer. Son muchas les especies que mantienen relaciones sexuales con individuos de su mismo sexo, prácticas vinculadas con la supervivencia, el robustecimiento de los lazos sociales y afectivos, la adaptación biológica y los factores asociados a la evolución de las especies.

Además del ser humano, existen 1.500 especies animales que mantienen relaciones homosexuales, como por ejemplo los pingüinos, los cisnes, los chimpancés, jirafas… En este sentido, la comunidad científica que estudia la biología animal está de acuerdo en afirmar que no todo acto sexual tiene como fin la función reproductiva.

Otro de los clichés más repetidos sobre los homosexuales es el que apostilla que sus relaciones sentimentales son más superficiales, o menos duraderas, o menos “románticas” que las relaciones heterosexuales. Esta idea tampoco parece tener demasiado sentido. Varias investigaciones desarrolladas por la Universidad de Washington derrocaron el estereotipo con datos contrastados.

Recopilaron datos durante 12 años acerca del desarrollo, relación y actividad de parejas homosexuales, hallando que el 20% de ellas había puesto fin a la relación durante este período. En contraste, la progresión de ese dato de porcentaje de rupturas resultó ser menor que el de las parejas heterosexuales. Varios investigadores señalaron que las conclusiones debían empezar a consolidar un mayor respeto hacia las parejas del mismo sexo, alejada de tópicos y fobias.

Entrando en terrenos aún más pantanosos, muchas personas coinciden en que la pederastia es uno de los crímenes más macabros y repudiables que existen, y señalan que los hombres homosexuales son quienes suelen ser protagonistas de estos actos infames. Por supuesto, esta generalización deja a los homosexuales en un lugar terrible.

Por esta razón, muchos investigadores han estudiado esta temática para ver hasta qué grado este cliché era cierto, y los resultados han concluido que tal relación es inexistente. Por ejemplo, una investigación del Instituto de Psiquiatría de Clark, en Canadá, mostró fotografías de niños y adolescentes de ambos sexos a varones homosexuales y heterosexuales, al tiempo que registraban datos de excitación sexual de los sujetos. Los resultados resolvieron que los hombres heterosexuales tendían a excitarse más que los homosexuales, particularmente al visualizar fotos de niñas.

Años más tarde, en la Universidad de Denver, Colorado, se estudió a 265 niños que habían sido víctimas de abusos sexuales por parte de adultos. En el 82% de los participantes, el agresor era una persona heterosexual y del entorno próximo al niño. Solo se registraron dos casos (de un total de 265) en que el criminal era una persona homosexual. En consecuencia, los investigadores concluyeron que la vinculación entre homosexualidad y pedofilia no solo no tenía sustento empírico, sino que era una relación mucho más débil que en personas hetero.

Los contrarios al matrimonio gay suelen estar en contra también de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Alegan que los padres homosexuales pueden influir negativamente al niño, pues “el niño necesita de una madre y un padre para poder crecer correctamente”. Sin embargo, los datos revelan de nuevo que estas afirmaciones no tienen un sustento en la realidad.

En 2011 se llevó a cabo un estudio que exploró a un total de 90 adolescentes. La mitad de ellos, 45, vivían con padres del mismo sexo, mientras que los 45 restantes eran hijos de familias tradicionales. Se analizaron algunos factores de su vida diaria y su desempeño académico y social, y se reportó que ambos grupos obtenían resultados simétricos, con el apunte de que los hijos de padres homosexuales tenían unas calificaciones académicas ligeramente superiores.

Otros estudios concluyeron que los niños criados en familias homoparentales eran menos proclives a participar en acciones de vandalismo o delictivas que los hijos de padres heterosexuales. “Los datos apuntan que los niños criados con padres del mismo sexo son personas igual de válidas y con igual desempeño (o incluso algo superior) que los niños criados con padres heterosexuales”, afirmó Tim Biblarz, sociólogo de la Universidad de California.

La idea de que la homosexualidad es una enfermedad proviene de personas que sostienen que la homosexualidad es una inclinación que puede ser “curada si se sigue un camino adecuado”. Sin embargo, las ciencias humanas, biológicas y en especial la genética, han indicado que la atracción por personas del mismo sexo parte de una característica genética, y por tanto tiene un fundamento biológico.

Para comprobar si el material genética estaba vinculado con la homosexualidad, los científicos han observado y comparada a gemelos idénticos (que comparten todos los genes) y gemelos fraternales (que comparten aproximadamente el 50%). Los resultados demostraron que casi la totalidad de los gemelos idénticos compartían la misma inclinación sexual, pero no sucedía lo mismo con los gemelos fraternales. Esto sugirió que existe un factor genético encargado de determinar la orientación sexual del individuo.

Otras investigaciones han aportado datos que señalan que algunos factores biológicos, tales como la exposición de ciertas hormonas en el útero, pueden influir también en la orientación sexual del sujeto. Parece que determinadas diferencias fisiológicas, como algunas formas del oído interno entre mujeres heterosexuales y lesbianas, contribuyen a reforzar esta idea. “Los datos sustentan la teoría de que las asimetrías en el sistema nervioso central existen entre individuos con distintas orientaciones sexuales, y que estas diferencias pueden estar vinculadas con factores tempranos en el desarrollo cerebral”, explica Sandra Witelson, profesora de neurociencias en la Universidad de McMaster, Canadá.

La conclusión es muy sencilla: SER HOMOSEXUAL ES TAN NORMAL COMO SER HETEROSEXUAL. Una tendencia u otra solo son el resultante de un desarrollo cerebral concreto, que puede direccionarse en función a un sinfín de variables que escapan al control humano.

Fuente de la información: Psicología y Mente

Si tienes problemas para expresar libremente tu sexualidad, ya sea por el entorno familiar o social, o incluso por tus propias convicciones personales conformadas por la educación recibida, no dudes en pedir ayuda.

Los profesionales en conducta humana podemos guiarte en el proceso, estabilizar tus emociones y liberarte de las ataduras educacionales que te impiden alcanzar una vida plena en comunión con tu propia sexualidad.

 

Mario López Sánchez

Psicólogo Social

TLF. 633 322 559

Email: psicólogoext@gmail.com

Don Benito

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