La Fábrica de Monstruos (el sexo que se aprende)

La conducta humana compleja no está determinada en el código genético. Apenas unos pocos impulsos pueden definirse a través de disparadores biológicos. El resto de las pautas comportamentales se aprende. Así pues, si tenemos presente cómo funcionan los mecanismos básicos de aprendizaje, basados en castigo y recompensa a través de estímulos y repuestas, podemos no solo construir personas, sino también predecir su futuro comportamiento.

En este texto voy a centrarme en la conducta sexual humana, en como adquirimos determinados gustos, incluidos los fetiches más comunes, para terminar con la hipotética relación que pudiera existir entre nuestras prácticas iniciales en el sexo y ciertas aberraciones conductuales que emergen en la adultez.

Para los profanos en la materia quiero empezar definiendo las características básicas que componen el funcionamiento del aprendizaje humano desde la perspectiva conductista:

El aprendizaje, así, se concibe como el producto de la exposición a una experiencia externa_ el Estímulo_ y que de acuerdo a su Respuesta, manifiesta una Conducta observable. Como ven, quiero poner cierto énfasis en la descripción de la conducta a partir de la relación Estímulo-Respuesta. Quédense con esos conceptos.

Condicionar una respuesta requiere la exposición repetida a un estímulo. Este estímulo pude ser placentero o aversivo. Si es placentero condicionaremos una respuesta de acercamiento al estímulo. Si es aversivo, condicionaremos una respuesta de evitación del estímulo. Esta es la base fundamental del aprendizaje. Evidentemente la cosa se complica cuando incluimos variables de índole cognitivo (el pensamiento, su construcción y la relación con nuestro entorno social). Además, existen multitud de fórmulas para generar artificialmente una respuesta condicionada, así como para la extinción de ese condicionamiento, conceptos que trascienden las intenciones de este artículo. Lo fundamental es que ustedes sepan de qué hablamos cuando nos referimos a una respuesta condicionada. Para ello vamos a poner un par de ejemplos sencillos; el primero versará sobre la generación de una respuesta condicionada de acercamiento y el segundo sobre una respuesta de evitación:

El timbre del receso, en los colegios, anuncia la llegada del descanso. A fuerza de repetirse, los alumnos acabarán por asociar ese sonido a las sensaciones puramente emocionales y subjetivas de libertad y reposo que experimentan en el recreo. Un timbre cualquiera, pasado un tiempo, será capaz de despertar en nosotros un torrente de dopamina, que nos animará y nos revigorizará. Ocurrirá aunque no nos encontremos en el contexto escolar. La exposición a ese sonido, por sí mismo, se habrá convertido en un disparador emocional de índole placentero. Esto es un ejemplo de respuesta de acercamiento.

Los traumas emocionales o vivencias traumáticas, asociados a un lugar específico, producirán en quien las sufrió una sensación desagradable cuando regrese al lugar de los hechos, por ejemplo, el parque de atracciones donde sufriste una grave caída en la infancia. ¿Resultante? Se aprenderá a esquivar esos lugares para así evitar las emociones que evoca. Esto es un ejemplo de respuesta de evitación.

Las técnicas de condicionamiento operante las dejaremos para otra ocasión, que aunque vitales para entender cómo funciona el aprendizaje humano, se trata de derivaciones más complejas que tan solo invitarían a la confusión del lector.

 Si quieres saber más sobre modificación de conducta visita el enlace: https://mmaypsi.wordpress.com/2018/12/04/modificacion-y-terapia-de-conducta-de-que-estamos-hablando/

Repasados estos sencillos conceptos, vamos a extrapolarlos a ciertos fenómenos que se dan en la conducta sexual humana. Hablemos de fetiches:

Existen estudios muy completos al respecto donde se indaga sobre ciertas preferencias sexuales, como el que puso de relieve en el norte de Europa, respecto al sur, un mayor porcentaje poblacional  de personas a las que el tejido del látex y su olor les servía como disparador, proporcionándoles niveles de excitación sexual elevados. El estudio indagó sobre las distintas variables que podían afectar a la expresión del fenómeno, como personalidad, educación y ambiente, entre otras, llegando a una curiosa conclusión: El factor determinante que generaba mayores índices de fetichistas al látex no era otro que el índice de precipitaciones, la pluviometría. En el norte existe una mayor probabilidad de que el látex esté presente en tu primera experiencia sexual, ya que la ropa impermeable para protegernos de la lluvia está hecha con este material (botas, chubasqueros, etc). Las características propias del látex (olor, tacto…) quedan adheridas en la mente del individuo, en este caso junto a la excitación sexual y todo lo que conlleva, por medio del condicionamiento clásico. A partir de ese momento, el material impermeable disparará a través de la amígdala del individuo y de los recuerdos a largo plazo fijados en el hipocampo, todas las sensaciones y emociones placenteras que sintió en sus primeras experiencias sexuales.

Pero como antes describimos, este condicionamiento también puede producirse en sentido aversivo. Imaginen misma situación: Primera experiencia sexual y llueve. El látex y su olor están presentes, aunque en esta ocasión _a causa de la tensión nerviosa y ciertas inseguridades_ sufres un par de gatillazos. Esta vez no hay manera de conseguir una buena erección. A partir de aquí, existe una alta probabilidad de que, tras unas cuantas experiencias similares se genere un condicionamiento entre el estímulo del látex y el gatillazo, por lo tanto, en el futuro, al individuo en concreto le será difícil tener una relación sexual satisfactoria si en la habitación huele a goma. ¿Vais pillando el concepto?

Otra de las fórmulas de aprendizaje a la que prestaremos especial atención es el llamado aprendizaje vicario, que es un tipo de aprendizaje que ocurre al observar el comportamiento de otros individuos y los resultados que tienen esos comportamientos, extrayendo una conclusión sobre el funcionamiento de algo y sobre qué conductas son más útiles o por el contrario, perjudiciales.

Es decir, es una forma de auto-educación que se produce cuando nos fijamos en lo que hacen los demás, no para imitarlos por el simple hecho de que lo hagan tal y como ocurriría en las modas, sino para ver lo que funciona y lo que no.

A partir de aquí vamos al meollo de la cuestión. Hablaremos de las conductas adolescentes que se están observando en un elevado porcentaje de población y que paradójicamente no deberían correlacionar con el tipo de sociedad igualitaria que tratamos de construir.

Datos concretos: Las agresiones machistas entre adolescentes han crecido entre un 10% y un 15%. En los últimos años, los investigados por violencia de género entre 14 y 17 años se han triplicado. El 21% de los jóvenes cree que la violencia machista es un tema politizado y se está exagerando. Y lo más grave; el 27% cree que la violencia en el seno de la pareja es algo normal.

Los analistas de la conducta humana tomamos estas cifras con cierta cautela. De hecho, más que un aumento de la violencia lo que podría estar percibiéndose en nuestra sociedad es una mayor sensibilización, traducido en  más denuncias. Aún es pronto para saberlo. Pero las alarmas han saltado. Lo que está claro es que de una u otra forma son cifras inaceptables que no hablan de mejoría, sino, _en el mejor de los casos_ de un estancamiento.

El machismo se expresa de manera evidente en las relaciones sexuales. Las mujeres más jóvenes describen conductas de naturaleza agresiva, dominante y/o humillante, a las que se exponen demasiado a menudo. ¿Por qué? ¿Dónde han aprendido los adolescentes a relacionarse sexualmente con sus parejas? Contestemos a estos interrogantes:

La conducta humana, como antes hemos mencionado, no está determinada genéticamente, más que en unos pocos rasgos fundamentales para la activación de los mecanismos de supervivencia y reproducción. El resto forma parte de nuestro repertorio aprendido. Por lo tanto, analizar las causas próximas de las relaciones sexuales con carácter violento o denigrante es un paso fundamental en la resolución de este problema social aún fuera de control.

Para adentrarnos en el fascinante mundo de la conducta sexual alterada, pensemos primero en nuestros mayores. ¿Quién no ha oído esas historias del abuelo llevando al hijo al prostíbulo para que se iniciara en el sexo? Y no, no son cosas de la ficción cinematográfica. El uso de estos servicios de encuentros sexuales con carácter ilustrativo era muy habitual. Ahora apliquemos al contexto lo que sabemos sobre aprendizaje y condicionamiento clásico. Para ello vamos a hacernos otra pregunta. Con una alta probabilidad, ¿cuál era la primera situación sexual que vivían un buen número de varones y a través de la que se establecerían los primeros aprendizajes en relación a su futura conducta? Obvio: papá contrata puta para hijo novato; una situación de dominación absoluta, donde la mujer era percibida como un objeto sin voluntad propia, que no podía tomar sus propias decisiones y que estaba ahí para cumplir todos tus deseos, fueran los que fueren. La mujer se desnaturalizaba, su sexualidad quedaba cosificada desde el minuto uno y el condicionamiento hacía su trabajo en la mente del individuo. Además, ya saben que una práctica repetida aumenta la posibilidad de establecimiento de la conducta a través del afianzamiento del aprendizaje, así que la reiteración de la compra del servicio de prostitución contribuía y contribuye a una pauta interpersonal hombre-mujer basada en la denigración, humillación y violencia hacia esta última, ya sea de forma pasiva o activa.

Llegados a este punto, cabe recalcar que estoy describiendo una normativa en la conducta masculina que se dio en un contexto histórico determinado, dejando siempre a un lado las honrosas excepciones, que las hubo y las hay.

A día de hoy, muchos de aquellos hombres que se educaron a base de intercambios comerciales entre prostituta y cliente, siguen sintiéndose más a gusto en una relación sexual pagada que con su pareja habitual, añadiendo así el consiguiente peligro de transmisión de enfermedades. Lo que este individuo buscaba y busca, por tanto, no es una relación sexual con un igual, sino con una mujer a la que poder someter de manera total. Eso es lo que les pone, eso es lo que aprendieron. Así se convirtieron en monstruos y así se mantienen como tal.

El fenómeno de la prostitución hoy está igualmente presente, solo que el carácter ilustrativo para la iniciación en la sexualidad ha dejado de tener tanta prevalencia. Ahora nos movemos en un entorno distinto, pero igualmente peligroso, máxime cuando se trata de mentes en desarrollo.

Las cosas no han cambiado mucho. Tan solo le hemos modificado el marco al lienzo. La educación sexual impartida por los progenitores sigue siendo una asignatura pendiente. Y ese es el principal escollo. Si bien es cierto que hay tímidos avances, lo habitual es encontrarnos con padres incapaces de establecer una buena comunicación llegado el momento, ayudando a que el preadolescente y adolescente se inicien en la conducta sexual de manera saludable y conociendo un  entorno real, con situaciones reales y gente real. Desafortunadamente, los chicos y chicas se encuentran muy solos y solas cuando las hormonas les provocan el primer cosquilleo en la entrepierna ¡Pero qué me está pasando! Abandonados ante el despertar de una de las necesidades vitales más poderosas, ante uno de los impulsos que mueven el mundo, lejos de resignarse, se agarran a lo que les proporciona información rápida y eficaz que cumple con sus necesidades inmediatas: la red.

Nuestro nuevo amigo que todo lo sabe es una pantalla fría, pero siempre dispuesta. Con una edad insuficiente para establecer filtros, el joven o la joven se adentran en un mundo creado por adultos  para adultos, que manifiesta todas y cada una de nuestras fantasías, incluso las más perversas que una mente humana pueda imaginar.

La primera vez que el adolescente sintió curiosidad, antes incluso de conocer los tabúes que nuestra aún demasiado religiosa sociedad impone a cualquier mención referida al sexo, la primera vez que lanzó esa pregunta incómoda y nadie le respondió, o lo mandaron a callar por avergonzarnos en público, justo ahí iniciamos el proceso. No les quepa duda que sus primeros orgasmos se verán precedidos de una información que no controlamos, de una imaginería que puede ser o no ser saludable. De hecho, con nuestro recalcitrante pudor, renunciamos voluntariamente a ofrecerles una alternativa. Lo primero que observarán cuando tecleen en la pantalla amiga que todo lo sabe será agresividad injustificada, penes enormes, mujeres que disfrutan siendo violentadas mientras hacen deporte en el bosque, chicas sometidas sexualmente por varios chicos, tríos, orgías, bukakes, pising, penetración anal, doble penetración… un torrente de información absolutamente indigerible para una mente en plena formación. Esa es la información que les proporciona su nuevo colega, la pantalla que te da lo que le pidas de manera inmediata. Y no se equivoquen, la solución no es impedirles el acceso a la red, la solución no radica en convertir a nuestros hijos en marginales, en alguien incomunicado que se queda fuera de la sociedad virtual imperante. La solución está en adelantarnos, en proporcionarles datos reales y científicos sobre la sexualidad humana, antes de que la fantasía tome el relevo y se convierta en el estímulo que les pone a tono.

 Volvamos al concepto de condicionamiento: La pornografía en sí misma no es ni buena ni mala. Todo depende de la forma en la que la utilicemos, en la finalidad que le demos y sobre todo el momento del desarrollo en el que decidamos darle cabida. Lo que sí debe quedar meridianamente claro es que la pornografía, al igual que los servicios de prostitución, no pueden servir de mecanismo de instrucción sexual. La pornografía observada en las primeras fases de exploración  puede crear vínculos estimulares extraños, de la misma forma que el látex ante las primeras experiencias de los europeos del norte. Una vez que se inicia la repetición de conducta ante un estímulo concreto, el resultante que se obtenga quedará condicionado, en este caso el orgasmo. ¿Cómo puede ponerte cachondo una violación grupal? Pues imaginen la respuesta basándonos en los sencillos principios descritos. Además, la imagen que se obtiene sobre la anatomía, sobre los tiempos y pautas de la actividad sexual en términos generales es una imagen deformada, adaptada al contexto cinematográfico. Pero eso, el adolescente o la adolescente no lo saben. Para ellos la pornografía es la expresión real y fidedigna de la naturaleza sexual humana. Quizá más tarde vayan descubriendo el error de apreciación. Aunque los vínculos ya estarán establecidos y la tendencia natural a conseguir el máximo placer habrá quedado configurada a través del aprendizaje vicario (por observación). La mente humana es así de caprichosa.

Las conductas violentas que las chicas describen en gran parte de sus compañeros sexuales están reproducidas con total precisión en la pornografía actual. El chico imita sus referentes. Y eso está destrozando muchas vidas, sobre todo de las chicas, que se ven desbordadas por una actitud que en nada se parece a lo que debería ser una relación sexual saludable.

Los padres, a la hora de educar a chicos respetuosos con sus parejas y correctamente afectivos,  tienen una dura competencia. La información contenida en la red y los mecanismos de acceso son muy poderosos, y hacer como que nada está ocurriendo, como que todo se resolverá con el tiempo, allá cuando los chicos crezcan y se den cuenta de lo que hay, es una grave irresponsabilidad basada en la subestimación del enemigo al que se enfrentan.

Los adultos de hoy somos absolutamente responsables de la conducta sexual de los que nos sigan. Como dije al principio de este texto, la conducta humana no está determinada genéticamente más que en unos pocos aspectos de supervivencia y reproducción, que funcionan como mecanismos activadores. El comportamiento complejo se reproduce a través del aprendizaje, de los vínculos estimulares que el individuo recibe a lo largo de su desarrollo. Lo mal o lo bien que lo hagamos dependerá de nuestro compromiso con el futuro. ¿Vamos a seguir creando monstruos? Si lo que acabo de narrar no les importa, o sencillamente creen que exagero, permítanme un último consejo para aquellos que tienen hijas: lo mejor sería ir introduciéndolas paulatinamente en el mundo Hentai (termino japonés que puede traducirse como perversión o anormalidad y donde en ocasiones los personajes de ficción mantienen relaciones sexuales con todo tipo de demonios o bestias extrañas). Quizá consigamos que al menos no les caiga por sorpresa la naturaleza brutal y monstruosa de alguna de sus futuras parejas sexuales.

Mario López Sánchez

Psicólogo

Don Benito

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