La deficiente atención psicológica del sistema sanitario; un riesgo predecible.

En la consulta de Psicología General no Sanitaria empieza a ser frecuente encontrarnos con personas medicadas a base de antidepresivos y benzodiacepinas, pero que no presentan cuadro patológico alguno, sino la evolución conductual y cognitiva predecible a un evento vital desestabilizante, que les genera malestar o sencillamente que les desconcierta y preocupa.

España es uno de los países europeos con peor calidad en la atención psicológica temprana. La falta de medios y de equipos es sustituida por la farmacología indiscriminada, con médicos de cabecera que se ven desbordados por las circunstancias, además de no estar formados para manejar la multitud de cuadros de malestar psicológico que inundan sus consultas ambulatorias. ¿Solución? Prescripción de fármaco ante el más leve síntoma de tristeza, agitación o pensamiento rumiativo.

Entiendo que esta acción irresponsable no se lleva a cabo intencionadamente. Pero ya sea por desconocimento de las consecuencias a corto, medio y largo plazo, o por saturación de trabajo en un entorno donde el médico apenas dispone de 5 minutos por paciente, la realidad es que nos enfrentamos a una patologización innecesaria de la conducta humana, derivando sucesos de carácter social, familiar o personal fácilmente manejables en psicología general, a equipos esqueléticos de especialistas en psicología clínica, que ni tienen tiempo ni motivación para emprender la tarea lenta y costosa de modificación conductual básica.

La prescripción del fármaco es la solución cortoplacista, precipitada y peligrosa que encuentra nuestro sistema de salud para seguir sin implementar una red de profesionales distribuidas por estratos de importancia que atienda a las necesidades psicológicas de la población.

Rupturas sentimentales tratadas a base de Sertralina, o  fobias cronificadas a través de benzodiacepinas, son solo un pequeño ejemplo de un envenenamiento farmacológico con consecuencias que pueden ir desde leves vértigos pasajeros hasta una catastrófica ideación suicida, pasando por todo un repertorio de expresión fisiológica a veces impredecible.

Riesgos

La toma de antidepresivos para menores de 25 años debe estar especialmente supervisada y vigilada. En este rango de edad se ha probado el aumento de la incidencia de ideas suicidas tras los tratamientos. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ahora exige que los antidepresivos lleven una advertencia sobre este riesgo.

De la misma forma, y para el resto de población, su doctor debería advertirles que el antidepresivo, en su acción fundamental cuando se trata de ISRS, como la Sertralina (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), se une a una molécula en el cerebro denominada transportador de serotonina que regula sus niveles. Al unirse al transportador impiden que las neuronas reabsorban la serotonina, lo que produce un aumento de la misma en el exterior del cuerpo celular, modificando su equilibrio en el cerebro y aumentando su concentración fuera de las neuronas. Así pues, el uso de antidepresivos a largo plazo provoca una reacción homeostática dirigida a estos medicamentos, restaurando el equilibrio de la serotonina fuera de la neurona mediante una serie de cambios compensatorios.

Es importante tener en cuenta que el transportador de la serotonina no sólo se halla en el cerebro, sino que se encuentra en todos los lugares del cuerpo donde se produce y se transporta la serotonina, tales como el sistema digestivo y las células de la sangre llamadas plaquetas. Puesto que los antidepresivos se mueven por todo el organismo y se unen al transportador de serotonina dondequiera que se encuentren, pueden interferir con diversos procesos importantes regulados por sta molécula. Aunque los médicos y sus pacientes tan solo se interesen por los efectos de los antidepresivos en el estado de ánimo, con esta información adicional podemos intuir efectos nocivos en otros procesos orgánicos (problemas digestivos, disfunción sexual, hemorragias etc.).

No son pocos los jóvenes que refieren retardo orgásmico, o incluso eyaculación refractaria. Más grave aún es la aparición de la ya mencionada ideación suicida, o los vértigos severos cuando se trata de suspender la medicación.

Las benzodiacepinas también representan un grave riesgo para nuestra salud en caso de ser tomadas de manera indiscriminada y a largo plazo. Adicción, dependencia, síndrome de abstinencia, tolerancia y aumento progresivo de la dosis para conseguir los efectos deseados, insomnio ante la retirada de la medicación, impotencia, baja autoestima…

Conclusión

El asunto merece una especial atención no solo por parte del sistema sanitario, sino por el propio usuario, que con una información adecuada podría decidir de manera correcta si su problema debe ser tratado en el entorno clínico, o si por el contrario puede resolverse con psicoeducación, higiene conductual e intervención psicosocial despatologizadora.

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