¿Qué es un secreto?

Los secretos y su relación con la psicoterapia:

Desde la perspectiva psicológica, un secreto es en sí mismo un conflicto entre dos partes de nuestra psique, una discusión interna; una parte quiere contarlo, y la otra no.

Si ninguna de esas dos estructuras psíquicas quisieran contarlo, tan solo estaríamos ante un evento irrelevante. Por el contrario, si las dos quisieran contarlo, en ese caso estaríamos ante una buena historia.

La naturaleza del secreto radica precisamente en la lucha, en el conflicto, en el sí pero no. Y resulta que no todos los seres humanos están preparados para guardar secretos. La mayoría se deja llevar por la necesidad de compartir la información. Solo una pequeña parte se mantiene firme y permite que impere la lógica que le habla sobre las consecuencias a largo plazo.

Se ha demostrado que, en algunos casos, guardar nuestros propios secretos puede llegar a ser dañino no solo para la estabilidad psicológica del individuo, sino para su propia salud física. De ahí el éxito del concepto de “confesionario” en multitud de religiones.

En psicoterapia se utiliza un modelo similar. En primer término se recomienda escribir sobre nuestra propia vida íntima, a poder ser en tercera persona, como si habláramos de otro. Este ejercicio sencillo ayuda a descargar nuestras tensiones psicológicas y a alcanzar niveles de comprensión sobre nuestra conducta cualitativamente distintos.

Igualmente, la psicoterapia eficaz se basa en una relación de confianza plena. El psicoterapeuta no solo debe ser un especialista en todo lo relativo a la conducta humana; en su predicción, evolución y modificación, sino también manejarse en el ámbito personal como un confesor de confianza, alguien que sabes que jamás te traicionará, y que velará exclusivamente por tu bienestar psicológico, sin la mediación de juicios de valor.

Los seres humanos no somos buenos guardando secretos. No estamos programados para ello, Sobre todo cuando se trata de nuestra propia vida. Los secretos ocultos acaban por adquirir formas espeluznantes, por salir a la luz convertidos en monstruos. O como dijo Freud; “Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”

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