Lo que mis clientes quieren saber sobre la Terapia Subversiva

Desde que desarrollé el método de “Terapia Subversiva”, son muchos los que se han interesado por saber realmente en qué consiste, y cuales son las diferencias fundamentales con otros métodos de intervención psicológica.

Si tienes tiempo y quieres leer el desarrollo explicativo de mi trabajo, lo puedes hacer descargando el documento en PDF a través del enlace: https://mmaypsi.org/2021/01/09/terapia-subversiva-una-forma-distinta-de-observar-los-problemas-psicologicos/

Para los demás, voy a ofreceros en este Post algunas pinceladas resumidas que despejen las dudas más destacadas.

Empecemos por definir que es la Psicoterapia:

La psicoterapia es un término muy general que no solo engloba aquellos tratamientos indicados para la corrección y/o analgesia de los trastornos mentales, sino que puede aplicarse en cualquier contexto donde exista un cierto grado de sufrimiento, desadaptación o simplemente necesidades individuales o grupales de cambio. Por tanto, la psicoterapia podría ser aplicada desde múltiples perspectivas profesionales y filosóficas. Indudablemente, entre todas las ciencias del comportamiento, la psicología es la que ofrece un mayor grado de preparación para generar estrategias de intervención psicoterapéutica. Así que mucho cuidado con los tratamientos milagro que prometen felicidad eterna y cosas así, impartidos normalmente por personas sin la conveniente capacitación académica.

Aún con esto, dentro de la psicología existen múltiples vertientes, donde cada una de ellas tiene su propia forma de entender los desajustes emocionales y conductuales del individuo y los grupos.

Existe una hipótesis demasiado extendida que considera que el desajuste social del individuo, que acompaña cierto grado de sufrimiento, debe ser definido y tratado como un trastorno mental, definiendo trastorno como una amplia gama de condiciones de salud mental que afectan temporal y sustancialmente a la capacidad de las personas para afrontar las demandas de la vida diaria. Esta condición puede causar alteraciones de pensamiento, de percepción, de estado de ánimo, de personalidad o de comportamiento, a pesar de que a veces es invisible y no aparente ante los demás.

La hipótesis biomécica, ampliamente puesta en práctica por la psiquiatría, es el germen de esta fórmula rígida de entender el sufrimiento humano, que dictamina que los trastornos mentales son el producto de determinados desajustes hormonales en la red neuronal, que pueden ser corregidos a través de una intervención farmacológica. La visión biomédica de una enfermedad mental no acepta las influencias que sobre esta puedan tener aspectos socioeconómicos, educativos, étnicos o biográficos (lo único importante es el diagnóstico). Afortunadamente, en psicología se ha abandonado el modelo biologicista, aunque sigue conservando la impronta de entender el desajuste social y el sufrimiento como un problema del sujeto que, aunque mediado por variables externas, debe resolverse a través de la aceptación de que su forma de entender el mundo y de reaccionar ante él es fruto de distorsiones cognitivas. El psicólogo, por tanto, funciona como un anclaje entre el modelo socio-cultural impuesto y el sujeto desajustado al modelo. Es como la policía mental del sistema. Huelga decir que algunos nos negamos a continuar ejerciendo nuestra actividad psicoterapéutica bajo este anquilosado paradigma.

Vayamos al presente:

Es un hecho que los métodos anteriores no han logrado reducir la incidencia de los llamados trastornos mentales. ¿Qué está pasando entonces? ¿Cabe la posibilidad de que las entidades patológicas a las que llamamos depresión, trastornos por ansiedad, estrés post traumático, obsesiones compulsivas, etc no sean realmente trastornos mentales, sino algo más normal de lo que imaginamos? Si las metodologías aplicadas hasta el momento tan solo han servido para analgesiar temporalmente los síntomas desagradables que se derivan de estas circunstancias, deberíamos preguntarnos si realmente estamos sabiendo identificar la ruta etiológica del problema, su origen y desarrollo, así como las consecuentes. El dato es apabullante; la terapia cognitivo conductual es eficaz tan solo a 4 años vista de media, con recaídas pasado este tiempo en el 95% de los casos . Por tanto, ¿y si el problema no es primordialmente interno, como hasta ahora se ha pensado? ¿Y si todos esos síntomas desagradables que sumen al individuo en la desesperanza o en la agitación más desconcertante solo fueran reacciones normales y adaptativas a la adversidad? ¿Y si el problema fundamental de enfoque radica en la negligente perspectiva de hacerle ver al sujeto que a pesar de las variables externas que influyen en su malestar, la condición última para su recuperación es adaptarse a unas circunstancias a las que quizá nadie debería adaptarse?

Nuestro sistema capitalista actual, donde más crecen los llamados trastornos mentales, se conforma a través de la exposición a la violencia, ya sea física, económica, laboral, emocional o política. Ante una exposición repetida a circunstancias altamente aversivas, el sujeto responde con los mecanismos de defensa que la naturaleza le ha otorgado. Pero en este caso, los mecanismos de defensa son puestos en cuestión por el propio sistema, tachándolos de enfermedad, cuando probablemente tan solo sean una advertencia que hay que aprender a canalizar no para desintegrar partes de nuestra personalidad en favor de las circunstancias que detonaron los síntomas, sino para revelarse ante las mismas. La diferencia sustancial de la terapia subversiva con la terapia convencional cognitivo-conductual es que el individuo, por medio de la subversión, deja de culpabilizarse por su mal hacer y de etiquetarse como trastornado, además de identificar correctamente los elementos que inciden en la cronificación del malestar, que no necesariamente son internos. Es un insulto a la inteligencia hacerle ver a una camarera de piso que trabaja 10 o 12 horas al día, que es el único sustento de su casa, que vive con el miedo permanente en el cuerpo pensando en que si pierde el trabajo la desahuciarán y el Estado no la ayudará, que además le duelen terriblemente los huesos y solicitar una baja no es una opción, porque podría significar un despido fulminante, es cuanto menos un asqueroso insulto hacerle ver a esta señora que su agitación cardiaca, su visión borrosa, la falta de aliento y los temblores al ir a dormir son la consecuencia directa de una mala interpretación de la realidad, que para amortiguar sus síntomas ansiosos basta con una pastillita y una reconstrucción cognitivo conductual en terapia, donde se le enseñará a hacerse amiga de su ansiedad. Yo, incluso me atrevería a decir que es un crimen contra la humanidad.

La subversión, por contra, tiene una connotación filosófica y política que trata de hacer emerger en nuestra psique la necesidad del pensamiento crítico y la sublevación ante lo intolerable. El psicólogo no solo ofrece una explicación exhaustiva de las variables que inciden en la aparición de determinados síntomas físicos y cognitivos, sino que debe aportar herramientas que estén comprometidas con los cambios sociales de gran calado, y no solo con la readaptación del sujeto a un entorno deshumanizado.

Dentro de las posibles aplicaciones de la metodología, el ejemplo que he expuesto es un tanto extremo. Pero lo he considera oportuno para enfatizar lo importante; la necesidad de incluir en la psicoterapia elementos de subversión.

Así pues, y volviendo a las consideraciones diagnósticas, es posible que gran parte de los casos que se incluyen en los llamados trastornos mentales no sean más que respuestas congruentes al contexto, fenómenos meramente socioculturales, por lo que la solución no estaría circunscrita en corregir una disfunción en la dinámica de procesamiento de datos en el cerebro de la persona, sino centrase en la disfunciones sociales. Sin embargo, aún no existe un catálogo que describa la naturaleza concreta de las variables sociales aversivas como elementos detonantes del malestar. Nos limitamos a incluir las reacciones cognitivas y fisiológicas humanas en amplios manuales de los trastornos mentales, como el DSM V, afinando cada vez más los criterios diagnósticos hasta el punto de poder incluir a cualquier persona dentro de sus páginas. ¿No lo creen? Descríbame sus emociones, deje que le haga un par de test, y yo le enviaré el diagnóstico basado en el manual de referencia de la salud mental, desglosado punto por punto. Es inadmisible. Pero es así. Y, por supuesto, me niego a trabajar bajo esta rastrillo fino, que arrastra a cualquiera que esté descontento con sus circunstancias.

No podemos pretender considerar per se que la reacción inflamatoria de una herida es algo patológico. La inflamación, por regla general, es una respuesta adaptativa necesaria para la recuperación. Intentar curar la inflamación normal, impidiendo que esta progrese de manera natural es un error. Actualmente, los problemas mentales son tratados como procesos inflamatorios exacerbados que ponen en peligro la vida del sujeto. La analogía es simple; si te sientes ansioso o deprimido durante demasiado tiempo, eso es algo que hay que considerar como una reacción desadaptativa; eso, o es que la mecánica psicoterapéutica dominante no quiere enfrentarse a la terrible realidad de que la inflamación repetida no tiene por qué deberse a causas internas de origen autoinmune, sino que a veces estamos ante agentes infecciosos externos que no paran de atacar al sujeto. No hay que dar anti-inflamatorios o inhibidores del sistema inmune en estos casos. Lo que se hace es identificar al agente agresor y eliminarlo. Supongo que ahora es más fácil entender la reticencia del sistema a considerar como solución a la epidemia de trastornos mentales que vive el mundo, la eliminación de los agentes externos que lo provocan, que con poco que indagemos descubrimos que están mediados por la ansiedad extrema y la incertidumbre brutal a la que la mayor parte de los individuos está expuesto en una sociedad hiper-exigente, consumista hasta la sinrazón, hedonista, competitiva hasta el extremo y cruel con los más débiles. Sería como demoler las bases del neoliberalismo capitalista.

La Terapia Subversiva es una herramienta filosófica de amplio espectro, aplicada desde el conocimiento académico de la psique humana, capaz de modificar la forma en la que percibes tu entorno sin desintegrar tu propia personalidad.

Para más información, pide cita a través de la plataforma Doctoralia, en el enlace: https://www.doctoralia.es/mario-lopez-sanchez/psicologo/don-benito

También disponible Terapia Online.

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