HABLAR A GRITOS (Un fenómeno social que dice mucho sobre nuestro mundo).

A lo largo de los años se ha podido observar un cambio cuantitativo y cualitativo en la manera en la que los niños se comunican, sobre todo en lo que tiene que ver con el volumen que usan en la verbalización.

Los niños de hoy en día parecen tener una forma de comunicarse muy diferente a la de sus padres o abuelos. No es raro verlos gritar, chillar o usar voces agudas para expresar sus emociones, deseos o necesidades en cualquier situación y lugar. Y es evidente que existe un exceso de tolerancia por parte de los adultos ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Es algo negativo o positivo para su desarrollo?

Según algunos expertos en psicología infantil, esta forma de comunicarse tiene que ver con varios factores, como la influencia de los medios de comunicación, el entorno familiar y social, y la personalidad de cada niño. Algunas posibles razones son:

  • Los niños imitan lo que ven en la televisión, los videojuegos o las redes sociales, donde a menudo se usan voces y gritos para llamar la atención, generar humor o transmitir emociones intensas.
  • Los niños buscan expresarse libremente y afirmar su identidad, sobre todo en una etapa donde están descubriendo quiénes son y qué les gusta. Al usar voces y gritos, sienten que tienen más control sobre su comunicación y que pueden diferenciarse de los demás.
  • Los niños reaccionan ante el estrés, la frustración o la ansiedad que pueden sentir por las exigencias académicas, las presiones sociales o los conflictos familiares. Al usar voces y gritos, liberan su tensión y canalizan sus sentimientos.
  • Los niños se adaptan al nivel de ruido de su entorno, que puede ser muy alto en las ciudades, las escuelas o las casas. Al usar voces y gritos, se aseguran de que se les escuche y de que no se pierdan información importante.

¿Es malo que los niños se comuniquen así? No necesariamente, siempre y cuando no afecte a su salud vocal, a su capacidad de escuchar a los demás o a su respeto por las normas sociales. Los padres y educadores pueden ayudar a los niños a regular su forma de comunicarse, enseñándoles a usar diferentes tonos y volúmenes según la situación, a expresar sus emociones de forma constructiva y a ser empáticos con los demás. Así, los niños podrán desarrollar una comunicación más rica, variada y efectiva.


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