Da igual cuánta experiencia vital hayas acumulado, cuántos libros hayas leído, o cuántas veces hayas creído entenderlo todo: el mundo no deja de sorprenderte. A veces, esa sorpresa llega con la forma de una pérdida. Otras, con un giro inesperado, una conversación, una caída, una revelación. Entonces comprendes que todo lo que dabas por sentado se tambalea. Y eso duele. Pero también puede ser el inicio de algo.
Por eso, si hoy te sientes perdido, atascado, o desorientado, déjame decirte algo con total sinceridad: no estás solo. Todos, en algún momento, hemos sentido que no encontramos nuestro lugar, que las preguntas son demasiadas y las respuestas, demasiado lejanas. Y aun así, te animo —desde la honestidad de alguien que también ha tenido miedo— a dar un paso.
Vive tu vida sin esperar aceptación ni comprensión. No te demores demasiado. El final —aunque lo ignores— podría estar más cerca de lo que crees. No para asustarte, sino para recordarte que la vida no espera. La postergación tiene un precio, y muchas veces, ese precio es la frustración de no haberlo intentado.
Embárcate en tus proyectos sin pedir permiso, sin esperar validación. Esa aventura es tuya, y solo tuya. Puede que el destino te lleve justo donde esperabas, o tal vez esos caminos nuevos apunten a lugares que ni siquiera imaginabas que existían. Y eso también está bien. Porque lo que cuenta, al final, no es si llegaste donde querías, sino si fuiste capaz de caminar con valentía, de decidir por ti mismo, de afrontar tus batallas.
Sí, puede que fracases. Y sí, habrá momentos en los que querrás rendirte. Pero el fracaso, bien mirado, es un espejo. Te muestra quién eres y de qué material estás hecho. Te enseña lo que ninguna comodidad podría enseñarte jamás.
En cambio, el miedo, el conformismo, la claudicación ante las circunstancias pueden convertirte en un ser apagado, triste, enfadado con la vida y contigo mismo. Un ser que muere lamentándose de no haber tenido el valor de ser quien realmente quería ser.
Tal vez esa sea la gran tragedia de nuestro tiempo: vivir para agradar a los demás, para cumplir expectativas ajenas, para seguir rutas marcadas. Pero tú no estás hecho para eso.
Estás hecho para crear, para explorar, para vivir con intensidad y con coraje. No importa tu edad, tu pasado, tus errores o tus dudas. Mientras respires, hay camino por delante.
Vivir es arriesgarse, o no es nada.


Deja un comentario