Por qué no debes usar Petardos jamás

CÓMO Y A QUIÉN AFECTA LA PIROTECNIA

Al igual que el roscón de reyes, los mazapanes o las luces horteras, la pirotecnia forma parte de las costumbres de estas fechas. Y por supuesto no todas las costumbres son saludables. Ni beber mucho alcohol, ni tomar muchos dulces, ni estallar pequeños artefactos de pólvora están incluidas entre las costumbres inocuas. Pero al menos con las dos primeras solo te dañas tú. Sin embargo, lo de los cohetes y petardos conlleva tanto la diversión del que los utiliza, como también un enorme daño para aquellos que por una u otra razón son sensibles al ruido.

Empecemos por el principio:

No es necesario padecer una hipersensiblidad al ruido para sufrir los efectos de esta explosión de decibelios. El daño es acumulativo, y tarde o temprano aparecerá la hipoacusia, los tinnitus y toda una serie de muy desagradables consecuencias. Imaginen vivir con un pitido intenso, como eso que se siente cuando alguien da una palmada muy fuerte al lado de tu oreja, pero las 24 horas del día. O dicho de otra forma, no volver a disfrutar del silencio jamás. ¿Les apetece? Pues a eso se arriesgan. Hay personas que han acabado con agresivos tratamientos psiquiátricos para poder soportarlo.

Amén a lo dicho, la lista de afectados es enorme.

Los tímpanos de los bebés son muy sensibles, y pueden sufrir daños irreversibles con una sola exposición.

Las personas que están dentro del espectro autista viven estas fechas como un infierno en la tierra; sonidos insoportables que activan su sistema nerviosos central hasta hacerles entrar en pánico, con riesgo incluso de llegar a autolesionarse gravemente.

Los ancianos, que en un porcentaje muy alto sufren ya de hipoacusia, perciben de forma paradójica algunas frecuencias con mucha más intensidad de los normal, entre ellas las que emergen de las explosiones, alterando gravemente sus niveles de ansiedad.

Las personas depresivas y ansiosas (actualmente ¼ de la población) siente dolor con cada explosión. Y sí, digo dolor. A nivel cortical se activan las mismas redes neuronales que cuando alguien te abofetea. Además aparece alteración del ritmo cardíaco, temblores, sudores, mareos y vómitos entre otras lindeza.

Y por último las mascotas. El terror al que las exponemos con esta actividad es tan brutal, que los ataques de pánico que sufren pueden llegar hasta el infarto, matando al animal repentínamente.

Toda esta información es bien sabida por las autoridades competentes, que en pos de eso que nos gusta llamar libertad y diversión, ejercen una tolerancia inexplicable en función a las más que probables consecuencias. Claro está que en este caso no hablamos de la ignorancia del niño que encienden la mecha. Cuando son adultos y autoridades competentes los responsables de controlar la actividad de la pirotecnia, entonces ya hablamos de acto criminal por omisión. Y lo digo alto y claro; actúan como criminales, tanto los padres que le regalan los explosivos a sus hijos, como las autoridades que no cumplen con sus obligaciones de forma contundente ante una costumbre que no solo divierte, sino que también mata y enferma.

Es muy fácil. Solo tienes que ponerte en el lugar del que sufre, ¿Puedes? Si la respuesta es que no, entonces quizá necesites revaluar toda tu educación.

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