Niños con ansiedad, conducta disruptiva y gritos desaforados…¿Qué les pasa?

Es una obviedad que el comportamiento infantil siempre ha tenido unas especiales características relacionadas con la poca tolerancia a la frustración y la dificultad en el control de las emociones. Ahora bien, esas conductas fruto del lento desarrollo cortical de nuestra especie (probablemente producto del enorme tamaño de nuestro lóbulo frontal con respecto al resto de las estructuras neuronales) se están viendo exacerbadas hasta un punto crítico, donde la normalidad empieza a mostrarse en una suerte de diagnósticos psiquiátricos y neurológicos. Las consultas de psicología están repletas de padres preocupados por rasgos inquietantes en el comportamiento de sus hijos. Todos buscan una etiqueta para definir eso que les pasa, además de un tratamiento sencillo que resuelva los síntomas, como si de un a gripe se tratara. ¿Qué les pasa a los niños?

Se requiere un análisis exhaustivo de todas las variables implicadas en los procesos tanto de de aprendizaje como de expresión conductual y emocional, si verdaderamente queremos llegar a un conocimiento preciso y útil que nos ayude a restaurar el equilibrio perdido. Ahora bien ¿están realmente dispuestos los progenitores de estos niños desaforados a tomarse en serio la revisión y acción sobre las variables implicadas? Mi experiencia me dice que, en la mayoría de los casos, la triste respuesta es un rotundo «NO». Prefieren soluciones cortoplacistas, y que, por supuesto, la culpa de lo que está pasando no sea de ellos. Si les lanzas mensajes que los implican en las desviaciones de sus hijos como actores principales, la respuesta más habitual es huir, taparse los oídos, o buscar diagnósticos que engloben enfermedades emergentes relacionadas con retrasos «sorpresivos» del lóbulo frontal. ¡Alabado sea el TDAH como entidad clínica que explica todos los males de la infancia!

Desde mi perspectiva, siento deciros que el TDAH, en la mayoría de los casos, no es una entidad clínica precipitante, sino consecuente. O dicho de otro modo; el TDAH y su expresión conductual no ha aparecido por un misterioso desajuste evolutivo en la masa cortical de su hijo/a, sino que son ustedes, con su modelo educativo y de cuidados básicos en el desarrollo, los que están provocando la sintomatología afín a esta entidad clínica tan manida. Obviamente hay ocasiones en las que realmente nos encontramos ante un problema neurológico. Pero eso sería lo excepcional. La norma radica en una serie de fenómenos sociológicos relacionados con la educación y la crianza que están convirtiendo a los niños en pequeños monstruos tiranos y descontrolados.

 «Muchas de las cosas que nosotros necesitamos pueden esperar, los niños no pueden, ahora es el momento, sus huesos están en formación, su sangre también lo está y sus sentidos se están desarrollando, a él nosotros no podemos contestarle mañana, su nombre es hoy»

Gabriela Mistral

Principales variables a tener en cuenta:

¿Conocen el término Psicobióticos? Es posible que no. ¿Y que tal si les digo probióticos? ¿Eso si les suena? Claro. Seguramente porque lo han oído en su televisión en más de una ocasión; Se refiere a todos esos alimentos que contienen determinadas bacterias, que una vez ingeridas ayudan a que nuestra flora intestinal esté bien regulada, favoreciendo el funcionamiento correcto de la maquinaria fisiológica, como la digestión y la absorción correcta de nutrientes. Pues bien, el término psicobiótico está directamente relacionado con el término probiótico:

Los psicobióticos son microorganismos vivos, como ciertos probióticos, que al consumirse en cantidades adecuadas pueden influir positivamente en la salud mental. Actúan modulando la microbiota intestinal y el eje intestino-cerebro, lo que puede ayudar en el manejo de trastornos como la depresión y la ansiedad.

¿Qué es el eje intestino cerebro?

En palabras para profanos. El eje intestino-cerebro es como una línea de comunicación directa entre tu sistema digestivo (el intestino) y tu cerebro. Imagina que ambos están constantemente «hablando» entre sí. Esto significa que lo que ocurre en tu intestino puede afectar cómo te sientes emocionalmente, y viceversa. Por ejemplo, si estás nervioso o estresado, puedes sentir «mariposas» en el estómago. Del mismo modo, una mala digestión puede influir en tu estado de ánimo. Esta conexión bidireccional es clave para entender cómo nuestras emociones y salud intestinal están interrelacionadas.

Pero si quieren una definición un poco más científica; el eje intestino-cerebro es una vía de comunicación bidireccional y multifacética entre el sistema nervioso central y el sistema gastrointestinal. Este eje integra señales neurológicas, endocrinas, inmunológicas y metabólicas. A través de nervios como el vago, hormonas y mediadores inmunológicos, el cerebro puede influir en la función gastrointestinal, afectando la motilidad, secreción y permeabilidad intestinal. Simultáneamente, el intestino, especialmente a través de su microbiota, puede modular la función cerebral al producir neurotransmisores, metabolitos y citocinas que atraviesan la barrera hematoencefálica o activan vías nerviosas aferentes. Esta interacción es esencial para comprender cómo factores como la dieta, el estrés y las alteraciones en la microbiota intestinal pueden influir en trastornos neurológicos y psiquiátricos, y destaca la importancia de abordajes integrales en neurología y nutrición para mejorar la salud cerebral.

A partir de este momento, ustedes ya pueden empezar a intuir como la alimentación de sus hijos, con mucho probabilidad está afectando a su desarrollo cerebral. Están en un momento muy crítico de su evolución, en pleno crecimiento. Aunque les parezca increíble, lo que coman ahora determinará gran parte de su salud como adultos. ¿Y qué están haciendo la mayor parte de padres y madres? Alimentarlos con mierda envasada, alimentos ultraprocesados que no les están aportando beneficios nutricionales, pero sí gravísimos perjuicios a su flora intestinal, con los consecuentes desajustes no solo en sus cuerpos, sino en sus mentes, La diabetes tipo-2, los triglicéridos elevados a corta edad, e incluso hipertensión, son solo la punta del iceberg. Una mala alimentación, máxime cuando se utilizan grandes cantidades de azúcares, conlleva una mayor predisposición a la irritabilidad, incapacidad para concentrarse, lentitud en el desarrollo de los procesos lógico-racionales, hiperactividad, desregulación emocional… ¿Les suenan los síntomas? La mala alimentación puede afectar a la producción de neurotransmisores como la serotonina y el GABA, modulando así el estado de ánimo y el comportamiento, y creando un suelo fértil para la manifestación de todo tipo de fenómenos ansiosos.

Siento ser tan duro, pero con esta forma irresponsable de alimentar a sus hijos están matándolos lentamente. Van a convertirlos en adultos enfermos con mucha menos esperanza de vida que sus padres, además de hacerlos profundamente desgraciados a través de las consecuencias de una masa cortical mal construida, el soporte físico con el que traducimos la información que nos llega del ambiente, y que no va a funcionar correctamente, precipitando una mayor vulnerabilidad a la aparición de crisis ansiosas, crisis depresivas, obsesiones cumpulsivas, fobias de impulsión y graves trastornos de personalidad. ¿Y qué solución hemos encontrado? Pues la de un diagnóstico TDAH y la medicación con anfetaminas. Sí; eso es lo que le prescriben a sus hijos hiperactivos; ANFETAMINAS. Claro está, me libra de tener que llevar a cabo cambios drásticos en la alimentación _entre otras muchas cosas de las que también hablaremos_ reduciendo la pataleta en el hogar. Niños drogados y pegados a una pantalla mientras consumen azúcares procesados. La imagen es esperpéntica.

Tratemos ahora otra de las variables fundamentales que está alterando la conducta infantil. El uso de dispositivos digitales:

Sean sinceros. A los padres les ha venido fenomenal la aparición de esta tecnología. Es la niñera de los pobres. ¿Y por qué digo de los pobres? Porque, precisamente, la gente con verdadero potencial económico ha empezado a educar a sus hijos en colegios donde los dispositivos digitales están muy regulados, y en casa apenas hacen uso de ellos hasta la edad de los 16 años. La clase trabajadora, en su ajetreada vida, dónde se ven incapaces de renunciar a una prolífica vida social sustentada en el alcoholismo, han encontrado en el dispositivo móvil la niñera de sus sueños; barata, silenciosa y que no pide vacaciones. Aunque hay un «pero»; es una niñera que le va a conceder a tu hijo todo lo que este pida por su boca, por muy peligroso para su desarrollo que sea. Niños que se inician en la pornografía violenta y extrema a la edad de 8 años, además de un uso inadecuado de juegos con una violencia explícita que no entienden. Costumbres como la lectura han desaparecido de las horas libres de los menores. Ni tan siquiera saben lo que es un comic. Mucho menos un libro.

¿Qué podemos decir desde la clínica?

A nivel cognitivo, la sobreexposición a pantallas puede afectar el desarrollo de funciones ejecutivas clave, como la atención, la memoria de trabajo y el control inhibitorio. La estimulación constante y rápida que ofrecen dispositivos como tabletas y teléfonos inteligentes puede disminuir la capacidad de los niños para concentrarse en tareas que requieren atención sostenida y procesar información de manera profunda.

Además, el exceso de tiempo frente a pantallas puede interferir con el desarrollo del lenguaje y las habilidades sociales, especialmente en edades tempranas, al reducir las interacciones cara a cara necesarias para adquirir competencias comunicativas y emocionales. También puede afectar la creatividad y la capacidad de resolución de problemas, ya que limita las oportunidades para el juego imaginativo y la exploración física del entorno.

A nivel conductual, los menores pueden mostrar signos de irritabilidad, impulsividad y cambios de humor. El uso excesivo de tecnología se ha asociado con dificultades en la regulación emocional y aumento de comportamientos agresivos. Asimismo, puede fomentar el aislamiento social, ya que los niños pueden preferir interactuar con dispositivos en lugar de con sus iguales o familiares.

Otro aspecto importante es la alteración del sueño. La exposición a la luz azul de las pantallas antes de dormir puede inhibir la producción de melatonina, hormona clave para el inicio del sueño, llevando a insomnio y fatiga diurna. Esto no solo afecta el estado de ánimo y el comportamiento, sino que también tiene implicaciones en el rendimiento académico y el desarrollo cognitivo general. También les suena ¿verdad? Pero ya saben, todo se resuelve con el todo poderoso y omnipresente TDAH.

«El mejor tipo de padre que puedes ser es practicar con el ejemplo»

Drew Barrymore

Los niños no están teniendo buenas referencias. Estamos imbuidos por un mundo hedonista, consumista, superficial y esquizofrénico. La responsabilidad de los adultos es absoluta. No hay medias tintas. Estamos enfermando sus pequeños cuerpos y sus pequeñas mentes, no solo con lo que les ofrecemos, sino también con nuestra propia conducta. Los niños imitan. Lo hacen siempre. Se fijan hasta en el más mínimo detalle, aunque no te des cuenta de ello. Aprenden a relacionarse con el prójimo en función a los modelos de interacción que ven en sus casas. Y hoy en día, lo que ven en sus casas (en demasiadas ocasiones) son relaciones rotas por la ausencia de una buena comunicación, carencia de hábitos de vida saludable, desafecto por el crecimiento intelectual, por el desarrollo artístico y la incorrecta expresión de los afectos.

Cosas básicas que sabemos que hay que hacer y que pocos practican:

Los padres pueden adoptar y fomentar los siguientes hábitos alimenticios para asegurar un óptimo desarrollo cerebral en sus hijos:

  1. Aumentar el Consumo de Ácidos Grasos Omega-3:
    • Importancia: Los omega-3, especialmente el DHA (ácido docosahexaenoico), son esenciales para el desarrollo y funcionamiento del cerebro.
    • Fuentes: Pescados grasos como salmón, sardinas y caballa; nueces; semillas de lino y chía.
  2. Garantizar una Ingesta Adecuada de Proteínas de Calidad:
    • Importancia: Las proteínas son necesarias para la formación de neurotransmisores y estructuras neuronales.
    • Fuentes: Carnes magras, pollo, pavo, huevos, legumbres y productos lácteos.
  3. Incorporar Frutas y Verduras Ricas en Antioxidantes:
    • Importancia: Los antioxidantes protegen al cerebro del estrés oxidativo y apoyan la salud neuronal.
    • Fuentes: Bayas (arándanos, fresas), cítricos, espinacas, brócoli y zanahorias.
  4. Asegurar la Ingesta de Vitaminas del Complejo B:
    • Importancia: Vitaminas como B6, B12 y ácido fólico son vitales para el desarrollo cerebral y la función cognitiva.
    • Fuentes: Cereales integrales, legumbres, verduras de hoja verde y frutos secos.
  5. Incluir Alimentos Ricos en Hierro y Zinc:
    • Importancia: El hierro es esencial para el transporte de oxígeno al cerebro, y el zinc juega un papel en la comunicación neuronal.
    • Fuentes de Hierro: Carnes rojas magras, legumbres, espinacas.
    • Fuentes de Zinc: Carne de res, pollo, semillas de calabaza y almendras.
  6. Limitar el Consumo de Azúcares Refinados y Alimentos Procesados:
    • Importancia: El exceso de azúcares y aditivos puede afectar negativamente la atención y el comportamiento.
    • Recomendación: Reducir la ingesta de refrescos, dulces, snacks empaquetados y comidas rápidas.
  7. Fomentar el Consumo de Granos Enteros:
    • Importancia: Proporcionan energía de liberación lenta y nutrientes esenciales para el cerebro.
    • Fuentes: Avena, arroz integral, quinoa y pan integral.
  8. Promover la Hidratación Adecuada:
    • Importancia: La deshidratación puede afectar la concentración y el rendimiento cognitivo.
    • Recomendación: Incentivar el consumo regular de agua a lo largo del día.
  9. Establecer Horarios de Comida Regulares:
    • Importancia: Los patrones alimenticios consistentes ayudan a regular el metabolismo y proporcionan un suministro constante de energía al cerebro.
    • Recomendación: Tres comidas principales y dos meriendas saludables.
  10. Incluir Alimentos Fermentados y Probióticos:
    • Importancia: Una microbiota intestinal saludable influye positivamente en el eje intestino-cerebro y el desarrollo neuronal.
    • Fuentes: Yogur natural, kéfir, chucrut y otros alimentos fermentados.
  11. Evitar Deficiencias Nutricionales:
    • Importancia: Las carencias de nutrientes como vitamina D, hierro y ácidos grasos esenciales pueden afectar el desarrollo cognitivo.
    • Recomendación: Consultar con un profesional de la salud para evaluar la necesidad de suplementos.
  12. Enseñar Hábitos Alimenticios Saludables:
    • Importancia: Los niños aprenden por imitación; promover una relación positiva con la comida es crucial.
    • Recomendación: Comer en familia, involucrar a los niños en la preparación de comidas y educarlos sobre la importancia de una dieta equilibrada.
  13. Limitar la Exposición a Sustancias Tóxicas:
    • Importancia: Elementos como el plomo y ciertos pesticidas pueden afectar el desarrollo neuronal.
    • Recomendación: Optar por alimentos orgánicos cuando sea posible y asegurar una buena higiene alimentaria.
  14. Fomentar el Consumo de Alimentos Ricos en Colina:
    • Importancia: La colina es esencial para la formación de la memoria y el aprendizaje.
    • Fuentes: Huevos, brócoli, coliflor y frutos secos.
  15. Moderación en el Consumo de Sal y Grasas Saturadas:
    • Importancia: El exceso puede conducir a problemas cardiovasculares que afectan el flujo sanguíneo cerebral.
    • Recomendación: Optar por grasas saludables como el aceite de oliva y limitar alimentos muy salados.

Otros hábitos más allá de la alimentación:

el uso de la tecnología digital en niños y adolescentes debe ser gestionado de manera consciente y equilibrada por parte de los padres para promover un desarrollo saludable tanto a nivel cognitivo como emocional. A continuación, presento una serie de medidas que los padres pueden implementar:

1. Establecer Límites Claros de Tiempo de Pantalla:

  • Niños en Edad Infantil (0-12 años):
    • Menores de 2 años: Se recomienda evitar el uso de pantallas, excepto para videollamadas supervisadas con familiares.
    • Entre 2 y 5 años: Limitar el tiempo de pantalla a máximo una hora al día, con contenido de alta calidad y siempre bajo supervisión adulta.
    • Entre 6 y 12 años: Establecer un límite de 1 a 2 horas al día, asegurando que no interfiera con el sueño, la actividad física y las interacciones sociales.
  • Adolescentes (13-18 años):
    • Fomentar un uso responsable, equilibrando el tiempo de pantalla con otras actividades esenciales como el estudio, el deporte y la interacción social cara a cara.
    • Involucrar al adolescente en la creación de un plan de uso de tecnología, promoviendo la autorregulación.

2. Priorizar Contenido Educativo y Apropiado:

  • Seleccionar aplicaciones, juegos y programas que sean educativos y adecuados para la edad y el nivel de desarrollo del niño.
  • Utilizar herramientas de control parental para filtrar contenido inapropiado y monitorear el uso de la tecnología.

3. Fomentar Actividades Alternativas:

  • Actividad Física: Promover deportes y juegos al aire libre que contribuyan al desarrollo físico y reduzcan el sedentarismo.
  • Lectura y Creatividad: Incentivar la lectura de libros físicos y actividades creativas como dibujo, música o manualidades.
  • Interacción Social: Facilitar oportunidades para que los niños interactúen con sus pares en entornos reales.

4. Establecer Zonas y Momentos Libres de Tecnología:

  • Designar áreas en el hogar, como dormitorios y comedores, donde no se permita el uso de dispositivos digitales.
  • Establecer horarios sin tecnología, especialmente durante las comidas y antes de dormir, para favorecer la comunicación familiar y un sueño reparador.

5. Modelar Comportamientos Saludables:

  • Los padres deben ser ejemplos positivos en el uso de la tecnología, mostrando moderación y priorizando las interacciones personales.
  • Evitar el uso excesivo de dispositivos frente a los hijos y mostrar interés en actividades no digitales.

6. Supervisión y Acompañamiento Activo:

  • Participar en las actividades digitales de los hijos, compartiendo tiempo juntos en juegos o programas educativos.
  • Mantenerse informados sobre las aplicaciones y plataformas que utilizan los niños y adolescentes.

7. Educar sobre Seguridad en Línea:

  • Enseñar a los hijos sobre los riesgos de Internet, incluyendo el ciberacoso, la privacidad y la importancia de no compartir información personal.
  • Establecer reglas claras sobre el uso de redes sociales y la comunicación con desconocidos.

8. Fomentar el Pensamiento Crítico y la Autorregulación:

  • Ayudar a los niños y adolescentes a desarrollar habilidades para evaluar críticamente el contenido en línea y resistir la presión de grupo.
  • Promover la autorreflexión sobre cómo el uso de la tecnología afecta su bienestar emocional y social.

9. Monitorear Signos de Uso Problemático:

  • Estar atentos a cambios en el comportamiento, como irritabilidad, aislamiento, descenso en el rendimiento académico o alteraciones del sueño.
  • Si se observan signos de adicción o dependencia tecnológica, considerar la consulta con un profesional de la salud mental.

10. Promover la Comunicación Abierta:

  • Fomentar un diálogo continuo y abierto sobre el uso de la tecnología, escuchando las inquietudes y experiencias de los hijos.
  • Crear un ambiente de confianza donde los niños y adolescentes se sientan cómodos compartiendo sus experiencias en línea.

11. Actualizarse sobre Tendencias Tecnológicas:

  • Mantenerse informados sobre las últimas aplicaciones, juegos y plataformas populares entre los jóvenes.
  • Esto permitirá a los padres comprender mejor el entorno digital en el que se desenvuelven sus hijos y ofrecer orientaciones más efectivas.

12. Equilibrar la Flexibilidad con la Disciplina:

  • Adaptar las reglas y límites según la edad y madurez del niño o adolescente, siendo flexibles pero firmes en las decisiones.
  • Reconocer y elogiar el uso responsable de la tecnología, reforzando comportamientos positivos.

Conclusión:

La tecnología digital es una herramienta que puede ofrecer numerosos beneficios en términos educativos y de desarrollo personal. Sin embargo, es esencial que los padres guíen y supervisen el uso que sus hijos hacen de ella para prevenir posibles efectos negativos en su salud mental y física. Al establecer límites claros, fomentar actividades alternativas y mantener una comunicación abierta, los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar una relación saludable y equilibrada con la tecnología.

Ahora bien, y una vez ofrecidos todos estos consejos de carácter clínico y de vital importancia para el correcto desarrollo de sus hijos que garantice un porvenir saludable, reconozcan ustedes ¿Cuántos están dispuestos a cumplirlo, con el trabajo que ello conlleva?

Sean honestos consigo mismo y con sus hijos. Dejen de buscar etiquetas diagnósticas, donde solo hay mala educación. Y no olviden que, afortunadamente, los problemas de índole neurológico son la excepción. No usen drogas para compensar la ausencia de compañía, cariño y dedicación.


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Comentarios

Una respuesta a «Niños con ansiedad, conducta disruptiva y gritos desaforados…¿Qué les pasa?»

  1. […] La sociedad médica está muy preocupada por el alarmante aumento de la incidencia de algunos tipos de Cáncer en menores de 50 años. Las hipótesis sobre las distintas razones que pudieran justificar el fenómeno están abiertas. Es obvio que en el punto de mira están los hábitos de vida poco saludables que, a día de hoy son una nueva normalidad. Si atendemos a las formas de alimentarnos, los ultraprocesados y los azúcares refinados han ocupado un espacio demasiado amplio en nuestras dietas. Lo que debería ser una excepción, se ha convertido en normalidad sobre los platos de todos los españoles, hasta el punto de que hay población infantil que se alimenta básicamente de estas sustancias (leer artículo «Niños con ansiedad, conducta disruptiva y gritos desaforados…¿Qué les pasa?«). […]

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