El asesino ruidoso

¿Qué es la contaminación acústica?

Se entiende por contaminación acústica el exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente. Cuando hablamos de exceso de sonido nos referimos al término “ruido”, que según la OMS hace referencia a los sonidos por encima de 65 decibelios, en condiciones diurnas, y a 30 decibelios en horas de sueño y descanso. Solo en Europa, la contaminación acústica causa más de 72.000 hospitalizaciones anuales y 16.000 muertes directas. No es un asunto baladí, aunque en nuestra nación siga ocupando un segundo plano. La contaminación acústica es, al menos, tan perjudicial como la atmosférica para la salud humana y de animales.

¿Cuales son los focos principales de la contaminación acústica?

  • Tráfico automovilístico: A modo de ejemplo, el claxon de un coche produce 90 decibelios, aproximándose al umbral del dolor, que está en los 120 decibelios. Por encima de 75 ya se considera altamente perjudicial.
  • Obras de construcción: Un martillo neumático alcanza los 120 decibelios.
  • Restauración y ocio nocturno: La actividad de terrazas y bares supera en muchas ocasiones los 120 decibelios, que según la OMS es un nivel que tiene la capacidad de provocar enfermedades potencialmente mortales, ya sean tanto de tipo psicológico como fisiológico (ansiedad generalizada, insomnio, síntomas depresivos, alteración de ritmo cardiaco, tensión elevada, alteración en la segregación hormonal).
  • Mascotas: El ladrido descontrolado de un perro supera los 80 decibelios, suficiente para alterar el descanso y provocar crisis ansiosas.

La contaminación acústica no solo es desatendida por las autoridades, sino que es observada desde amplios estratos sociales como una queja exagerada. La insensibilidad de las personas con respecto al sufrimiento ajeno tiene su origen en una sociedad consumista, hedonista e individualista, incapaz de ordenar y construir escalas de prioridades lógicas en el establecimiento de derechos y obligaciones. Solo cuando el individuo sufre de manera particular las consecuencias de los actos grupales se percata de la gravedad de los mismos; ya sea por enfermedad, necesidad de descanso, etc).

De manera más detallada voy a exponeros las consecuencias más severas de la exposición al ruido:

Psicopatológicos

Agitación respiratoria, aceleración del pulso, aumento de la presión arterial,dolor de cabeza y, ante sonidos extremos y constantes, gastritis, colitis o incluso infartos.

Psicológicos

El ruido puede provocar episodios de estrés, fatiga, depresión, ansiedad o histeria tanto en seres humanos como en animales.

Sueño y conducta

Un ruido por encima de los 45 dB impide conciliar el sueño o dormir correctamente —recordemos que lo ideal según la OMS es no exceder los 30 dB—. Esto puede influir, a posteriori, en nuestra conducta provocando episodios de agresividad o irritabilidad.

Memoria y atención

El ruido puede afectar a nuestra capacidad de concentración, lo que al tiempo puede provocar bajo rendimiento. También a la memoria, por ejemplo a la hora de estudiar.

Como dato curioso: el oído necesita algo más de 16 horas de reposo para compensar dos horas de exposición a 100 dB.

Las autoridades competentes que ignoran estos hechos son cómplices de atentado contra la salud pública. Esto es incuestionables. Y no duden que se puede hacer mucho para reducir el impacto de la contaminación. La proliferación de terrazas de manera descontrolada, la ausencia de control de los escapes de los vehículos a motor, la recogida de basuras a horas de sueño, la falta de concienciación ciudadana en el cuidado de sus mascotas…todo suma para convertir nuestros entornos en lugares tóxicos para la vida saludable.

El impacto en tu propio salud lo acabarás notando, tarde o temprano. No se es joven para siempre.

En mi consulta privada de psicología he atendido a muchas personas que ignoraban hasta qué punto sus síntomas tenían que ver con la exposición al ruido, síntomas que estaban empezando a hacer mella en su salud fisiológica. Y curiosamente he podido observar como muchos de ellos se sentían culpables por pedir a las autoridades que se velara por su derecho al descanso. Estamos construyendo sociedades caníbales, donde el placer hedonista e inmediato prima sobre la sostenibilidad de la vida.

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